16.7.09

¿SUPERACIÓN, SUPERACCIÓN O...?


Cuando el ser vivo ama se arriesga a sí mismo al hacerlo, pero vive entregado a la energía de su voluntad y pretende realizar con su empuje actos más luminosos. Impelido a superarse continuamente, continuamente tendrá que revolverse contra su propio amor y escupir sobre sus huellas doradas, aniquilando su querer con otro querer o permitiendo que se marchite tras el último temblor. No es una ley de vida (la vida se muestra caprichosa, irregular, desmesurada y rara vez legal), sino una partida viciada donde el perseguidor termina siendo burlado. “El mal sumo forma parte de la bondad suma”, esto lo dijo también el Agudo Bigotudo y yo, sin modestia, con un dolor abismal, lo confirmo. Se trata de la infame sabiduría del verdugo.

NOTA: Con Los románticos o Suicida de Leonardo Alenza, discípulo poco divulgado del Goya más alucinado, cierro esta serie concisa de episodios monográficos dedicados a las sinuosas sendas que han de recorrer los amantes, cazadores y presas de su pasión.

14.7.09

TRIBULACIÓN


No encuentro mejor proyecto de ser que intervenir en calidad de personaje en la trama de la vida al objeto de inspirar la construcción de un autor que sobreviva gracias a su tramposo nacimiento y laberíntico linaje. Supongo que esta pretensión recuerda a su antojo el modo de reproducción basado en la partenogénesis y obedece a una artimaña narcisista, a un anhelo de redención metafórica que debería tener muy superado (pues he vivido a fondo la transfiguración de la conciencia en el fractal del instante), pero que me tienta como al casto la fantasía de explorar otros cuerpos... ¿acaso pueden eludirse los atractivos de su mera evocación? Ni siquiera el Agudo Bigotudo pudo renunciar a las utopías implícitas en la adusta visión de la voluntad de poder circulando por el eterno retorno. Quizá tuvo miedo de exponerse demasiado a la vacuidad del misterio; o quizá lo hizo y quiso engañar las consecuencias de lo que allí vio. No en vano, todos somos huérfanos de Dios y, con mayor patetismo si cabe, de nosotros mismos. El ego constituye nuestro último ídolo, es el más ciego tótem de cuantos hemos concebido (no parece haber nada allende sus dominios) y, como nudo de nudos, también es el primero en resistirse a aceptar un desenlace revelador que exhorte al ocaso de las pantomimas. Tanto es así, que el autogenerado relato de mi odisea vital según el modelo insinuado en las líneas iniciales no dejaría de ser un delirio de grandeza planteado para salvar lo que fatalmente tiende a volverse irrecuperable en el sumidero de su inmensa pequeñez: la identidad. Sea como sea, ¿quién soy yo para saber? ¿qué sé yo para ser?

NOTA: Permití a Gustave Doré recrear mis artes de mistagogo en la agitada sinfonía de grises La danse du sabbat.

11.7.09

LOS ENTES FUSIBLES


"Mi alma anhela un poeta, mi cuerpo busca una bestia. ¿Dudas poder hacerme feliz?"
Sor Mariana ALCOFORADO
Cartas portuguesas

El amor y el horror son las fuerzas conocidas más intensas de la extensión intuida del cosmos, sus torcidas y poderosas constantes, su motor en cada cosa y su cosa en cada avería, pero si bien las manifestaciones particulares de las mismas pueden ser conceptuadas mediante infinidad de formas según los amores y horrores parciales involucrados, lo realmente prodigioso es que resultan indisociables, insuperables, irrenunciables. Todos estamos hechos y deshechos por amor; nadie, por tanto, escapará del horror.

NOTA: He tomado el arrugado Umarmung (o "abrazo") del señor Egon Schiele para poner una nota de efusividad que ronde lo monstruoso, pórtico de aventuras proscritas.

9.7.09

EL GUERRERO INCANSABLE


Nunca he buscado en la mujer amada un reposo para mis luchas según el conocido dictado del filósofo, sino mi más esforzada y meritoria gesta. Acaso la destrucción heroica de mis fuerzas y un santo oficio de refulgentes, incalculables locuras, pero jamás el declive estéril de mis ánimos ni el abandono manso de mis bríos. En ellas recupero el sentido de mi sino; por ellas, al asalto, subo al celo de mi cielo; y con ellas, más me vale, sonrío despreocupado al calor de mis infiernos. Así es mi naturaleza.

NOTA: El sortilegio pictórico lo tomo de John William Waterhouse, quien se inspiró en el poema La belle dame sans merci de Keats para inmortalizar el embrujo de una mujer que devora corazones y está condenada a vivir emboscada a causa de su codiciada belleza.

13.6.09

EL ARTE DE LA FUGA


"Evoca las formas. Cuando no tengas nada más inventa ceremonias e infúndeles vida."
Cormac McCARTHY
La carretera

En el silencio turbio de una noche privada de grillos y de estrellas, un perro ladra como si un borracho intentara ladrar como un perro. Una sombra veloz más opaca de lo habitual se aproxima y, antes de que pueda determinar su posición, el contacto brusco en la nuca con una sustancia tibia y animada que bien podría ser el saludo de una mano amiga o tal vez el hocico de una rata hambrienta del tamaño de un dogo. Sé que me muevo por terreno peligroso y, sin embargo, hago caso omiso del miedo porque llevo conmigo un poderoso talismán: el mismo pánico reflejado en la claridad de mis ojos mientras hierático lo contemplo atravesado por un bronce de estigmas. Quizá un instante atomizado; quizá la placenta de una experiencia absoluta. A quien ha visto el colapso de cerca sin abandonarse al delirio le serán cegados todos los refugios y el abismo lo perseguirá camuflado en los actos más frívolos, especialmente en las situaciones que se anuncian relajadas e inofensivas, de tal modo que un mínimo detalle que capte su atención en el tránsito de una distracción reanudará su angustioso tango con la muerte, cuya agilidad sobrehumana está muy por encima del bien y del mal; tanto, que durante esa danza macabra nadie ha conseguido propinarle un pisotón.

- ¿Ya te estás poniendo solemne?
- Vaya, otra vez tú.
- Querrás decir tú.
- ¿Yo?
- ¿Hay alguna diferencia?
- Sí. Al contrario que otros, yo sé quien soy, mas ignoro donde me dirijo y, cuanto menos lo sé, más me soy.
- Más me soy, más me soy... tonterías. Solamente se tiene lo que se da.
- De acuerdo, acato tu lógica: ¿qué acto puede equiparar en generosidad a la hermosa libertad de poder abandonarlo todo sin prisas ni dilación?
- El amor.
- Pensaba que te gustaba hablar de cuestiones menos mundanas.
- El conocimiento quema a quien lo toca, mientras que el amor vuelve intocable lo que quema.
- Entonces, ¿qué queda del amor al conocimiento?
- La perversión de querer hurgar en el dolor de ser carbonizado.
- Hubiera bastado con terminar la frase en un rotundo dolor de ser.
- Detecto cierto cansancio existencial en esa actitud preciosista.
- Puede. Nada me cansa tanto como el oficio de ser persona. No tengo vocación para ello. Incluso estoy dispuesto a concretar que nada humano me es ajeno porque todo lo propio me resulta sospechosamente inhumano.
- La receta es simple: ponte fin.
- Parece que cuando te hastías de ser lo consecuente es suicidarse, pero el deseo de abdicar revela que todavía se sufre de una conciencia deudora, puesto que nace y nos deja varados en lo más humano que hay en uno.
- Cuídate, muchacho. A la locura también se llega por un exceso de razón y, una vez allí, no hay razón que valga para escapar.
- Loco es quien comete locuras; el sabio solo las piensa.
- A mí me basta con sentir a través de lo que pienso y pienso que quizá esté sintiendo demasiado.
- ¿Demasiado? Te explicaré lo que es demasiado: el mundo gira a merced de la imaginación y la imaginación se expande alrededor del cerebro, donde florecen y se extinguen otros mundos que no tienen cabida en este.
- Vale... yo también te quiero.
- Tranquilo, no te voy a corresponder.
- Es una lástima. Al superponer nuestras respectivas ilusiones encontraríamos una materia perfecta para hacer realidad nuestros temores.
- Muy agudo. No seré yo quien impugne tu lindo epigrama. Y ya que tocas el tema, no estaría de más que te sincerases: ¿qué tal te ha ido con ella?
- He vuelto a comprobar que las mujeres son portadoras de un poder telúrico capaz de volver locos a los hombres. No es la tentación de llenarlas lo que conjura al varón, sino la pasión de vaciarse hasta perderse en ellas.
- Te comprendo. He padecido más a causa de mis amores que por la suma de mis dislates, accidentes y decepciones recolectadas en otros campos.
- Cuando la ilusión de conquistar a una mujer ataca el sistema nervioso, se requiere una inmensa voluntad de fuerza para no rendirse a la ebriedad de correr tras sus encantos, y un esfuerzo sostenido para lograr convivir serenamente con el ineludible proceso de idealización, de cuyos efectos adictivos lo menos que puede decirse es que actúan como una incubadora de estupidez.
- Bravo, me has quitado el párrafo de la boca.
- ¿Qué boca?
- ¡Ironía! Casi olvido que tengo una espada clavada en la frente con una inscripción que me recuerda que ni su acero ni mi cabeza existen.

NOTA: Seguro que habéis identificado el talento de Edvard Munch en El asesino.
 
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